La tecnología aplicada a la salud, ¿motor de desarrollo en América Latina y el Caribe?


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La fuerza de las TIC en la salud para América Latina y el Caribe está en nuestras manos.

La salud es uno de los elementos más importante para el ser humano y por ello tiene un papel protagonista como motor de desarrollo de las sociedades y actúa como elemento bisagra para conseguir otros objetivos: la libertad, la erradicación de la pobreza o el fin del hambre. Metas de más fácil consecución si el ser humano mantiene un estado de bienestar físico y mental, lo que lo hará menos vulnerable ante las adversidades para lograr el desarrollo, tanto suyo, como de su propia sociedad.

De hecho, tres de las ocho Objetivos de de Desarrollo del Milenio (ODM) aprobados por la ONU con el cambio de milenio hacen referencia directa a la salud. Es decir, estamos hablando de casi el 50% de los mismos focalizados en reducir la mortalidad infantil (Objetivo 4), mejorar la salud materna (5) y combatir el VIH y otras enfermedades (6), tres metas que están en el punto de mira de los países en vías de desarrollo, algunos en América Latina y el Caribe.

Cuando los ODM se pusieron en práctica, hace ahora 14 años, había una convergencia de buenas intenciones jamás vista. Ni tras el final de la Segunda Guerra Mundial había tantos Estados remando en la misma dirección. Todos los países de la ONU estaban totalmente de acuerdo. Sin embargo, en esta revisión del milenio no tenían todavía en cuenta un elemento que podría acercar esas metas mucho más de lo que nunca imaginaron: la tecnología.

Los avances tecnológicos, y concretamente las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), han revolucionado la forma de atender al paciente por parte de los médicos y de las instituciones sanitarias, acercándolos más y ahorrando costes, con fin último de ofrecer un mejor servicio y relación entre ambos, que se traduzca en mejor atención. A través de servicios como la telemedicina, las aplicaciones de los móviles o el historial clínico online, la medicina puede empoderar al paciente y aumentar su acceso a la sanidad, algo básico para el desarrollo.

 

Casos prácticos

De hecho, algunas ONGD, como es el caso de la Fundación Recover o AMREF-Flying Doctors, ya están poniendo en contacto a médicos de Europa con enfermos de África, con el beneficio que eso supone. O más recientemente, los sistemas de telemonitorización o consulta online ya han salvado vidas en catástrofes como la de Filipinas o la de Haití.

Mencionados estos ejemplos, la reflexión sería la siguiente: ¿Puede la tecnología ayudar no solo a alcanzar algunas de las metas de los ODM a un año de su cumplimiento, sino a ayudar a la nueva Agenda Post 2015 a reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna y combatir otras enfermedades? La respuesta puede ser un rotundo sí, y precisamente está en manos de los más jóvenes y los nativos tecnológicos, tanto médicos como pacientes, capaces de entender lo que supone el cambio y la importancia de sumarse a él. Las nuevas generaciones tienen el futuro en sus propias manos.

La capacidad de los soportes tecnológicos para aportar información a una madre, sin la barrera espacio-tiempo, o acercar un diagnóstico clínico a un niño o a un enfermo crónico en cualquier parte del mundo solo con estar conectado a Internet son ejemplos de cómo la tecnología aplicada a la salud puede mejorar la calidad de atención a esos pacientes. Si la tecnología ya está empoderando a la salud (lo que se conoce como la eHealth) en países desarrollados, lo puede hacer también en países de América Latina y el Caribe, y acompañarlos en su camino hacia el desarrollo. Es solo cuestión de tiempo y de verlo como una vía válida más.


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